23
Feb
2014

DOCENCIA E INVESTIGACIÓN CORRUPTA

El mundo académico avanzaba hacia un conocimiento cada vez más especializado, expresado mediante una jerga cada vez más opaca. 

Michael Crichton

Colombia necesita para elevar sus niveles de desarrollo una mayor concentración en la producción de conocimiento[1]. ¿Pero a qué costo?

Actualmente las Universidades reconocidas como esos lugares aptos para la producción de conocimiento, ahora se han convertido en el lugar propicio para las transacciones ilegales de conocimiento.  Los protagonistas de estos “trueques”: Docentes-investigadores, que valiéndose de sus estudiantes pretenden aumentar sus niveles de producción de nuevos conocimientos para figurar en los más altos niveles de competitividad investigativa, logrando posicionarse en el medio como grandes académicos e investigadores y a la vez, logrando consolidarse en las Universidades y en el medio como pares para validación de conocimiento.

Hace poco el periódico el Tiempo y la revista Semana.com, publicaban el caso de un docente de la Universidad Nacional sede Medellín que había plagiado un artículo de un autor argentino. Una de las disculpas del docente fue que unos estudiantes que habían elaborado el artículo para él lo habían engañado y lo habían hecho caer en el error. Pero esto nos lleva a preguntarnos: ¿Puede una persona escribir un artículo para que otro figure en el como autor? ¿O es que acaso, los estudiantes deben producir conocimiento a nombre de sus profesores? ¿Una asesoría genera autoría?¿Cuál es el alcance del Derecho Moral de autor?

A estas preguntas debemos responder que en Colombia y en el mundo, no es autor quien entrega una idea, si no aquel que logra la expresión de ésta, pues el objeto de protección de los Derechos de Autor no son las ideas, si no la forma de expresión de las mismas.  Quien da forma a la expresión de una idea, en ese mismo acto creador obtiene para sí y para su obra un Derecho Moral de autor, manifestado en varias facultades, una de ellas, es la facultad de paternidad, que no es más ni menos que la obligación de siempre ser reconocido como el autor “el padre” de dicha obra si así el autor lo desea, y planteo esto, porque otra de las facultades que concede el derecho moral de autor, es que éste si así lo considera puede mantenerse anónimo.  Este tipo de derechos a diferencia de los Derechos Patrimoniales de autor, no pueden cederse, no se transmiten y no pueden renunciarse.

Siendo esto así, ¿cómo es posible que el profesor acuse a sus estudiantes de haberlo inducido a error con el artículo que le entregaron para él publicarlo con su nombre en una revista?  Esto es posible, como ya lo mencioné, no por disposición legal, pero es posible gracias a prácticas que vienen siendo constantes en las Universidades Colombianas:  1. Los estudiantes entregan trabajos al profesor, que en muchas ocasiones resultan ser tan buenos que el profesor lo presenta como suyo para cumplir con la producción anual de conocimiento. 2. El profesor asesora a sus estudiantes y resulta que esta asesoría, que se supone que no es más, que un compartir de ideas con los futuros autores de un trabajo de grado, llámese tesis o monografía, resulta figurando como autor, ni siquiera como coautor, que sería la categoría más benigna si se aceptara por lo menos que el trabajo del profesor fue mucho más allá que un simple compartir de ideas. 3. Profesores que se dedican a replicar en varias Universidades preformas de proyectos de Investigación, en muchas ocasiones formulados con ayuda de colegas y estudiantes, pero que al momento de presentarlos en la Universidades, obvian la originalidad que debe revestir un proyecto de investigación y mucho más, excluyen la participación de sus compañeros.

Colombia y la Universidad Colombiana han aumentado sus índices de producción y construcción de conocimiento científico[2], pero ¿cuál es el costo?: la venta de la honestidad, la corrupción, la ilegalidad.

 


[1] Documento CONPES 3582: Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.  Colombia. 2009.